02 noviembre 2009

"Reflexionemos" - Consejos para Padres

Es verdad que nadie puede igualar la ternura y el cariño de una madre, pero a la vez no hay mejor figura ejemplar que la que ofrece un padre. Es en el padre donde los hijos ven el prototipo de esposo que deben seguir, y donde las hijas encuentran el suficiente cuidado y amor masculino como atributos esperados en su pareja ideal. Es en el padre donde los hijos captan las actitudes más comunes que en el futuro practicarán. Es en el padre donde encuentran el ejemplo de afecto que ellos darán a sus propios hijos cuando crezcan.
Es en el padre donde hallan los pasos para un futuro liderazgo. Es en el padre donde también encontrarán las herramientas morales para presentarse ante la sociedad. Y lo más importante es que los hijos percibirán en el padre la imagen más clara de la autoridad, el amor y la provisión de Dios. El padre es el encargado de iluminar a sus hijos la justa disciplina de Dios y Su instrucción sabia para la madurez ejemplar. Pero nada de esto rescatarán si los padres no luchan por adoptar las características paternales de Dios.

Cada vez que el padre de familia se aleja más de la imagen de Dios, sus propios hijos se distanciarán en la misma medida mientras crecen. Y cada vez que el padre se acerca a Dios y busca cumplir Su voluntad, sus hijos sabrán confiar sin dudar hasta su vejez.

Es cierto que todo padre espera reverencia y obediencia por parte de sus hijos, pero no podrá reclamar lo que no supo ofrecer al Único Dios que merece todo honor. No hay mejor padre que Dios, y no hay mejor ejemplo que el que ofrece en Su Divinidad. El escritor de Proverbios conocía esta intensa similitud entre Dios y el varón para escribir con sabiduría lo que nuestro corazón necesita saber. Proverbios 103:13 dice: “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen.” La relación firme que el ser humano puede tener con Dios se basa en el temor, en el amor inalterable hacia el Ser Supremo para gozar de Su cuidado y provisión. El trabajo y los negocios no deben ser aquellos impedimentos que obstruyan el desarrollo de nuestros hijos, y el mal carácter por causa de un mal día no debe ser derramado en los corazones de los suyos en el hogar.

¿Cuándo fue la última vez que le dijo “te amo” a cada uno de sus hijos? ¿Cuándo fue la última conversación que tuvieron? ¿Cuándo fue la última vez que dedicó tiempo a cada hijo para divertirse? ¿Cuándo fue la última vez que les aconsejo? Y ¿Cuándo fue la última vez que enseñó a sus hijos lo maravilloso que es Dios? Que Dios en Su infinita misericordia y gracia conceda a los padres la dicha de encaminar a sus hijos con los preceptos del Señor.

José Luis Velarde Hinojosa Escobar
Pastor PIEBC-Perú