16 octubre 2009

"Reflexionemos" - Consejos para Padres

Por naturaleza nosotros somos personas que, mientras crecemos en edad y en experiencias, a la vez también crecemos en orgullo. De pequeños admirábamos a los que nos instruían por nuestra necesidad de conocimientos, pero al crecer y aprender, disminuimos la cantidad de instructores sobre nosotros para ‘ser’ guías de otros, y así sentirnos más independientes. Cuando estábamos en la primaria, veíamos a los de secundaria como los sabelotodo, pero cuando llegamos a 5º de secundaria, miradas de superioridad brotan de nuestros ojos ante alumnos de grados menores, sin darnos cuenta que a la misma vez esas son las miradas que recibimos por parte de los universitarios ¿verdad? Y puedo asegurar que muchos profesionales orgullosos tienen cierta compasión por estos universitarios que luchan por terminar satisfactoriamente los cursos de su facultad. Y esto es cierto.

No es malo sentir satisfacción por subir un escalón más en cuanto al saber, pero esa cizaña que contamina los corazones es que toda esta realidad generó actitudes contenciosas. Por ejemplo: los que se preparan para ser profesionales toman en poco a sus maestros porque los ven como objetivos que algún día superarán para humillarlos. Como también encontramos personas que trabajan con un corazón tan ambicioso que se trazan la meta de apoderarse de la posición de sus jefes. O simplemente vemos personas que sólo quieren superarse para que los demás los admiren, e incluso para alabarse a sí mismos ante los demás. Creo que este peligro debe ser considerado para que sus hijos estén protegidos del orgullo y la vanagloria.

Una pregunta: ¿Cuál es su primera reacción cada vez que su hijo(a) lo corrige de un error que usted cometió? Como no queremos ser ‘humillados’ ante un inferior, comenzamos a justificarnos demostrando que el niño no sabe, o simplemente le decimos: “¡tú cállate…no te metas en asuntos de mayores!”. Puedo asegurar que usted lo dijo varias veces para no ser corregido por un menor. No nos damos cuenta que esa pésima reacción será la que sus hijos usarán en el futuro, menospreciando la verdad de que SÍ podemos ser corregidos por cualquier persona.

El ser humildes en reconocer nuestros errores, aún si somos corregidos por menores de edad o por personas que aprenden de nosotros, nos hacen madurar. Pero más aún si reconocemos el conocimiento insuperable de Dios. ¿Cuándo fue la última vez que usted enseñó a sus hijos que Dios es quien manda sobre todo el universo, y que debemos confiar en Él para obedecerle? ¿O es que no lo hizo porque usted aún no se somete? ¿No será que no le conviene atender los mandatos de Dios? ¿O duda que sus caminos serán rectos si sigue las instrucciones divinas? Usted y yo no estamos ante un Dios defectuoso, sino que Él es el Dios que nunca falla, y en quien se puede confiar sin reservas. Proverbios 3:5-6 dice: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”

¿Dios está presente en TODOS sus caminos? ¿Dios está presente en TODOS los caminos de sus hijos? Ellos, ¿en quién confían más? ¿Y usted en quién confía más? ¿Se da cuenta del resultado desastroso que experimentará si no permite que Dios sea el que enderece sus veredas? Deje de confiar en sí mismo…eso es orgullo, y eso es pecado.

José Luis Velarde Hinojosa Escobar
Pastor PIEBC-Perú